La salud no admite bulos

El uso generalizado de nuevas tecnologías de la comunicación, y especialmente de las redes sociales, ha favorecido que la población pueda acceder a gran cantidad de información de salud. Se estima que el 60% de los internautas exploran informaciones sobre salud siendo esta la principal razón de búsqueda en herramientas como Google. 

Sin embargo, no toda la información que se ofrece es fiable y está suficientemente contrastada, llegando a confundir chismes con noticias útiles y rigurosas. Las publicaciones sobre salud en el medio web o en redes sociales no siempre expresan toda la verdad, muchas veces no están actualizadas, ni tienen en cuenta los últimos avances médicos, de forma que el contenido puede resultar confuso, erróneo e inexacto. Esto aumenta el riesgo de que se produzca desinformación, alarma e inquietud social, generando desconcierto, desconfianza y duda.

Muchas de estas informaciones pueden, incluso, poner en peligro la vida de las personas y, en muchos casos, generan falsas expectativas o desacreditan evidencias que sí cuentan con el aval científico. Sin duda, en cuestiones de salud resulta crucial la evidencia y el rigor científico.

Por ello, antes de fiarnos de cualquier afirmación procedente de Internet o redes sociales, o si ante cualquier duda sobre un tratamiento dental que nos propongan, hay que acudir a un profesional odontólogo que inspire confianza, o consultar las páginas oficiales de las instituciones, asociaciones o colectivos profesionales

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